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Pegaso Z-102


     
 
     

El rescate del Pegaso Z-102 BT2 Ref. 68 

 

 

JESÚS FERNÁNDEZ Y EL AMOR AUTOMOTRIZ DE SU VIDA, EL PEGASO Z-102 BERLINETA TOURING

 
POR JAVIER LLANO CUÉ, CIUDAD DE MÉXICO

 

 

 

Pocas veces o ninguna se tiene en la vida la oportunidad de tener un Pegaso. 

 
Jesús Fernández tuvo esta experiencia dos veces en menos de 15 días.

 
La primera la dejo ir, pero con la segunda se aferró y no la soltó hasta el día que muere.

 
Intentaré hacer un relato de la relación de mi querido amigo Jesús y su Pegaso, desde mi única fuente de información, el mismo Jesús.

 
La pasión de mi vida han sido de siempre  los automóviles, y claro los clásicos sobre todos los demás.

 
Tomé el atajo y desde joven me metí de lleno en el mundo de la restauración automotriz, con la idea de tener la cercanía a tope con esta afición, casi enfermedad, claro que me ha dado enormes satisfacciones, pero no siempre es la ruta ideal para hacer buen dinero. Bien dicen que el dinero no lo es todo, buen ejemplo de esto fue poder conocer a Jesús y su gran Pegaso. Ser su amigo y recibir sus enseñanzas y consejos, un privilegio que ya es mío.

 

 

 
En el mundillo de los clásicos siempre existen leyendas urbanas, una de ellas era que un tal Jesús Fernández, hijo de un inmigrante asturiano muy querido, fundador de las Tiendas de abarrotes El Sardinero, tenía un Pegaso en su casa totalmente desarmado en cajas. Por años escuché eso ¿verdad o ficción? Era la gran duda.

 
Dentro de los clubes de automóviles, tenemos la agrupación de autos de competición VINTAGE, y nos reuníamos todos los Miércoles a tomar la copa y picar algo, y contar historias (no necesariamente ciertas) sobre las aventuras de nuestros autos y hazañas en las pistas, el famoso Club de TOBY.

 
Un día apareció Jesús a una de estas reuniones. Me aconsejaron que no le preguntará nada del Pegaso, porque era una persona muy difícil, déspota y reservada, nada que ver con la realidad que luego viví.

 
Haciendo caso de los aconsejadores tontos, envidiosos e inútiles no le toque el tema del Pegaso, pero él al ser como yo hijo de Asturiano, y que sabía de mi existencia por ser un joven  entusiasta y propietario de un taller bautizado como Auto Servicio Borrani, en honor de las ruedas italianas que tantos clásicos usaron, entre ellos nuestros queridos Pegasos, dicho lo cual  se hizo una gran química con Jesús ese día.

 

 

 
Pasaron bastantes meses y yo vendí aquel negocio enorme y monte uno más acorde a los tiempos, de 30 personas laborando lo reduje a 8, y de capacidad para más de 50 autos, pase a 15 como máximo, la idea era dar más calidad a un precio más alto, con menos costos.

 
Estando en el nuevo local apareció un día sin avisar Jesús Fernández, vio el negocio y me dijo: supongo que vas tirando y vives, pero seguro no estás ganando buena pasta, te propongo que liquides todos los trabajos que tienes, me des todos tus datos para comprar un seguro de gastos médicos amplio y otro de vida, me digas el coste del alquiler para pagarte el año por adelantado y un sueldo X de tanto dinero (excelente  cantidad por cierto).

 

 

 
Yo le dije que cuál era el objeto de, y me respondió: quiero que hagamos aquí juntos la restauración del Pegaso, porque sabes que tengo uno ¿verdad?

 
Wow ¡¡¡ quedé perplejo y me temblaron músculos que desconocía tenía mi cuerpo hasta ese momento.

 
Después de unos días de pensarlo tristemente vi que no era viable en ese momento por mis compromisos que tenía ya.

 
Decliné la oferta de que fuera mi único cliente y le agradecí el gran honor de haber pensado en mí. No le gustó nada, pero lo entendió. 

 
Pasaron los días y con mucho recelo fui a su casa pues sabía que ya estaba el coche laminado y pintado en espera de iniciar el ensamblaje general.

 
Me abrió él mismo la puerta y me dijo: vaya, vaya, ya era hora de que te aparecieras por aquí, a mí me urgía saber si aquel Pegaso era leyenda urbana o realmente existía. En efecto, entré al gran Garaje con Bóveda Catalana y estaba ahí su Majestad el Z-102, súper pintado en Standox, en un azul profundo y limpio, mesas a los lados con todos los repuestos del coche, en proceso de limpieza independiente. Fue un día muy especial para mí, y él me hizo sentir que también lo fue para su causa, sabía que yo estaba frustrado por no haber podido atender la reconstrucción, así que con enorme generosidad me recibió y me dejó siempre estar cerca de la hazaña de regresar a la vida al Pegaso.

 

 

 
Desde ese día volví primero cada semana, y luego era visita diaria. Siempre me recibió con paciencia y cariño, me regalaba cantidad de su escaso y valioso tiempo. Me pedía asesoría en temas de niquelado y de querer llevar las piezas a los Estados Unidos, yo le dije que era un riesgo alto trasegar de un país a otro con las partes, que en México teníamos un lugar muy costoso pero de excelente calidad, confió y se hizo aquí. También me permitió colaborar en temas de tapicería así que los viajes a los locales de cromo y demás eran seguido y con listas interminables, de chequeo.

 
El motor lo armó con la ayuda de un mecánico de Alfa Romeo, Pancho López, asesorado por el rectificador Efraín Vega, genio del rectificado de motores de competición en México.

 
No recuerdo el nombre, pero él hablaba por horas enteras a España con un ex-ingeniero de Pegaso, que por activo y pasivo lo invitó a México a  que le ayudase en el proyecto. Jesús me decía en broma, Javier ya le mandé el Concorde, el Queen Mary, le ofrecí a la mujer de sus sueños, y siempre me dice que tiene empeñada su palabra con la Virgen de Lourdes.

 

Le ofreció que si salía vivo y cuerdo de Pegaso, no volver a tocar un motor de estos coches. Pero le ofreció su ayuda escrita y por teléfono, por cierto de gran valor práctico.

 
El tema es que Jesús un día  y que más adelante os comentaré porque, desarmó el coche, y ahora sólo había 11 meses para armarlo ya que ese año se declaró la marca protagonista en el Concurso de la Elegancia de Pebble Beach. Esto fue el detonador para que Jesús se motivara a armar su juguete, así se mete de lleno al mundo de los Pegaso, y se descubre que su coche estaba perdido desde su llegada a California con el Coronel, después no había pistas.

 

 

 

Claro que fue invitado con gran entusiasmo por la gente del Concurso pues fue la resurrección de un coche que se tenía como desaparecido. Era la motivación que Jesús tenía sólo en su mente para la hazaña de volver a la vida este coche.

 

Les platico que en estos meses recibí muchas enseñanzas de nuestro protagonista, pues fue una gran labor de alta calidad contra reloj, una carrera que a la larga le costó la vida misma y no exagero. En este tiempo me contó todo lo que ustedes quieren saber, ¿por qué quería un Pegaso? ¿Cómo y dónde lo compra? ¿Por qué lo desarma? Y el feliz desenlace de Pebble Beach.

 

Jesús quería un coche español, me decía él, por la onda hispana, ¿me entiendes Javier? Siendo un gran corredor de Rally el tema de un Hispano-Suiza perdió fuerza contra el carácter deportivo de un Pegaso.

 

 

 

Jesús cumplía años el mismo día que yo,  primero de Octubre de 1938, pero siendo 20 años mayor que yo, un buen día leyendo un Magazine Road and Track, sí mal no recuerdo en 1967, el anuncio de un Pegaso  en la ciudad de Nueva York, así que emprende el vuelo para aquella ciudad, con dos motivos celebrar su cumpleaños con su encantadora esposa, y comprarse su regalo de cumpleaños, el citado Pegaso del anuncio. Cuando llega a ver el coche se desilusiona por dos motivos, el coche no tiene la mejor vida posible, y era volante a la derecha. Su mujer le dijo con lo que gusta correr y volante a la derecha te vas a romper la madre en este cachivache. Así que abortó la misión, amén que le pedían la nada despreciable cifra de 8000 dólares.

 

Deciden ir con los críos como decía el a Disneylandia, haciendo un vuelo que él decía que sólo lo hacían las gentes de mal gusto nuevo ricas, Nueva York - Los Ángeles Cal pero por la familia todo.

 

 

 

Le gustaba ir de safari automotriz como gran aficionado que era, así que un día va a un local cerca de New Port Beach donde vendían autos clásicos y especiales a buen precio, pues era un proveedor de B. Cunninham's Museum que se estaba ya iniciando en Costa Mesa. Al fondo acaparo su atención lo que parecía ser el toldo de un Pegaso.

 

Con gran colmillo, como decimos en México, le pregunta al vendedor si era un Aston Martín DB 2, a lo que recibe por respuesta: ohhh no no this is a Pegso, spanish Car very very rare.

 

Jesús le dijo ohhh de verdad, y ¿cómo llego aquí? El vendedor le platica que un Coronel asignado a la Base Área de Torrejón de Ardoz lo adquiere de manos del mismo fabricante Wifredo Ricart, y que lo usó durante el tiempo que vivió en España, al jubilarse lo lleva a California y lo usa poco tiempo pues le da miedo el mantenimiento y la falta de repuestos, ahora es un hombre mayor y conducirlo es  algo pesado para él.

 

 

 

Jesús lanzó la pregunta lógica, ¿lo vende Mr.? Y recibe una respuesta algo ilógica SI Y NO, sí porque el Coronel quiere venderlo y no porque mi mejor cliente el Sr. Cunninhgam me lo tiene reservado en 12000 dólares. Cabe mencionar que un Ferrari de la época podía costar nuevo 25000 dólares, el Pegaso no estaba nada barato. Jesús le dijo: llame a su cliente y dígale que tiene un cliente de México que le da 15000, nuestro personaje Jesús quería su Pegaso.

 
  
El Sr. Cunningham resultó ser peor que Trump lo que le valió perder el coche, sucede que le dijo a su proveedor que tuviera cuidado pues siendo mexicano sería un talón sin fondos y en el mejor de los casos una fanfarronada, que imposible que le diera los 15000 dólares.

 

Jesús le dijo al vendedor vamos al banco por su dinero, y así el coche sería mío ¿Ok? Con cierto recelo el vendedor aceptó, por lo que Jesús salió ese día con un empolvado Pegaso Z-102 Berlineta Touring serie 2, pero con pedigrí de haber pertenecido a la familia Ricart.

 

 

 

Ahora faltaban dos obstáculos por vencer, el primero convencer a la mujer que era una gran compra a pesar de costar el doble del de Nueva York, esto lo resolvió con un pobre argumento: mujer, es volante izquierdo y con este no me romperé la madre.

 

El segundo internar el auto en México pues la importación estaba prohibida. Lo resuelve llamando a todas sus relacione posibles y lo interna al país por medio diplomático.

 

Cuenta Jesús que esa misma noche recibió una llamada en el motel que estaba en Anaheim cerca de Disneylandia con su familia, de un airado y descontrolado Cunningham, que se negaba a creer que perdía el Pegaso, le llegó a ofertar hasta la cantidad de 25000 dólares, Jesús le dijo: qué coño amigo soy español y tengo prioridad, y no olvide que la mayoría de los mexicanos somos gente buena, hasta la vista Baby, y le colgó.

 

Ya con su juguete en el Garaje de México, su mayor placer era verlo ahí, el riesgo de sacarlo es que el tema legal del auto no estaba resuelto, pues corría el riesgo que la Policía Fiscal se lo confiscara. Por eso él me explicaba: una cosa era tener la necesidad de ser discreto Javier, y otra todas la tonterías que te decían de mí. Lo sacaba a Cuernavaca y Valle de Bravo en días que sabía que no tenía riesgos, y siendo rutas muy divertidas donde podía correr su bestia a placer. Total simbiosis del Pegaso y su amo, me decía: fue todo un romance apasionado Javier.

 

 

 

La locura de desarmar quiero recordar que sobreviene a mediados de los años 70, cuando después de algunos copetines en su Garaje, él y su gran amigo Alejandro Dibildox, se preguntan que tendría las entrañas de ese motor 8 cilindros para acelerar con esa suavidad y rapidez, quitan una topa para asomarse a los árboles de ahí la curiosidad de las válvulas y cuando dieron cuenta, decía Jesús como buen asturiano, la tochura estaba hecha, el motor desarmado. Ya en la resaca Jesús decide que no era mala idea desamar el coche completo, así el riesgo de que se lo quitaran sería mínimo y por otro lado no tendría la tentación de venderlo a nadie que se acercara. Aquí es donde la leyenda del Pegaso guardado a cal y canto,  nace.

 

Los Pegasos pasaron de ser coches raros y sólo apreciados para algunos cuantos que los estudiamos, a un clásico, exótico, enigmático y con altísimo valor.

 

En los años que el auto estuvo desarmado crece esa leyenda y empieza el mito, de que el hijo del dueño Del Sardinero tenía ese tesoro guardado y que estaba por demás preguntar o indagar pues era intratable y engreído.

 

Lo primero resulto ser verdad, lo segundo tuve la suerte de comprobar que era mentira, Jesús era un tipo culto, gentil, simpático, generoso, excelente amigo y confidente, el asturiano más cosmopolita le solía decir yo, y claro que le gustaba escucharlo.

 

 

 

En aquellas tardes donde lentamente él con su gente avanzaba en el armado del Pegaso, me invitaba a tomar expressos y Whysky derecho con hielo, y algún puro, en un local cerca de su casa llamado el Traslomita, ahí me confesó que él estaba muy fastidiando de salud, en concreto del corazón. Es prioritario terminar el Pegaso pues sí no Dios me castigará por dejar perder una joya así, yo le decía que Dios no castiga por esas cosas, pero que seguramente sí le daría una buena regañada, reíamos y hacíamos broma con el tema.

 

Siempre me decía que tenía un proyecto para mí que ya después del evento del Pegaso platicaríamos de ello.

 

Se terminó el coche y se cumplió el plazo, me pidió ir a darle una última capa de cera para subirlo al avión, recuerdo que personalmente ayudé a la gente con algodón a limpiar, y Jesús me decía parece que te estás despidiendo de una amante, el coche volverá, sólo va a un baile de presentación en sociedad. Dar más brillo  al Z102 fue un placer.

 

Bajando el auto del avión en Los Ángeles le avisaron que le dieron un rayón en la parte baja de adelante por lo bajito del coche. Jesús estaba súper contrariado y disgustado, pues él en México y su coche en manos de extraños en Estados Unidos. Yo le dije que no se afligiera pues los gringos son magos para esas cosas, y que le haría dañó hacer mala sangre.

 

 

 

Marchó al evento, yo tristemente no pude ir y formará parte de mi amargura perenne de haberme perdido de una fiesta de Pegasos única.

 

Al regreso me llamó y me dijo que lo del golpe había sido una tontería sin importancia, estaba muy feliz y había dejado el coche en California con un gran mecánico que conocimos en la Carrera Panamericana y que le dejaría el motor a punto pues no le convencía al 100 %.

 

Quedamos de ir a comer y platicar, sus ideas y planes de los que me siempre platicaba. En pocos días fui a entregar un Mercedes Benz 190 SL que restauré en la misma urbanización donde vivía Jesús y era la causa por la que  no había podido ir a Pebble Beach, casualmente me crucé con él de coche a coche, se bajó y me dio un cariñoso abrazo, me felicitó por el Mercedes, le vi mala cara y me dijo poniéndose la mano en el corazón, sabes Javier esto no marcha bien tengo que ir a Houston a un tema de válvulas (del corazón ) pues lo decía como si fuera un motor. Pasaré el fin de semana en Cuernavaca y a mi regreso de Houston sin falta comemos.

 

Ese día en la noche marqué a Cuernavaca y me contestó una persona del servicio que me dijo: le comunico con la señora. La esposa de Jesús me contestó y me dijo con gran serenidad: Javier tu amigo Jesús falleció hace una hora con gran Paz.

 

 

 

Algún día lo veré y me dirá de esos planes que quería platicarme, seguro estoy. Pasaron algún tiempo y me encontré a su hijo José Carlos en una presentación de la Carrera Panamericana, me preguntó Javier que pensaba mi padre que haría con el Pegaso.

 

Con cierta malicia bien intencionada intuí que le debía picar el orgullo y le dije que su padre estaba convencido de que lo venderías, que le gustaría que no, pero él sabía que la vida sigue, y las gentes pasan. Esto fue además cierto no le mentí.

 

Le dije que su padre vivió y estiró los últimos hilos de salud para terminar la faena del Z 102, que luchará por conservar el coche siempre. Quedamos ambos con los ojos vidriosos de la emoción y me dijo que haría siempre lo imposible por guardar el Pegaso.

 
  
Un día le pregunte a Jesús cómo comparaba un Pegaso con un Ferrari y me contaba, quincalla Javier, eso es el Ferrari al lado de  un Pegaso en partícula gusto. Pregunta a tu padre que es español qué quiere decir quincalla pues obvió me sonaba despreciativo pero no sabía que quería decir.

 

Mi padre me dijo que se decía de objetos de metal de escaso valor.

 

Espero no haberlos aburridos y ofrezco entrevistarme con José Carlos para que nos actualice los últimas aventuras de este gran coche, con dueños extraordinarios.

 

Saludos desde México a todos los amigos de PEGASIN CETACIENTODOS.


· Gracias a Roberto (Pegasín Zetacientodos) por enviar el texto, a Javier Llano por transmitirnos su pasión por Pegaso y a Jorge Carlos Fernández, propietario del Pegaso, por las fotos.

 

 
     
 

 

 

 

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