PDA

Ver versión completa : Editorial de AUTOPISTA nº 1164 (26-9-81)


ismael
12-nov-2002, 01:35
AUTOPISTA
1164 (26-9-81)


Denunciamos


Prototipos
Ricart, en una chatarrerí­a


Traemos a la memoria a Wifredo Ricart, uno
de los hombres ilustres en la tecnologí­a automovilí­stica mundial, como uno de
los pocos que hace 20 años se atrevió a avanzar los diseños básicos del
automóvil de la década actual. El ingeniero barcelonés, tras titularse con 21
años, ya construyó su primer coche en 1922, con motor de cuatro válvulas por
cilindro y doble árbol de levas en culata. En 1926 sacó un motor 6-V de 1.500
cc. y, tras fundar la sociedad Ricart-España, fabricó diversos coches que
registraron gran éxito en el Salón de Parí­s de 1927.


Ricart, 
que comenzó fabricando grupos para la industria, la agricultura y la
navegación, en 1918, posteriormente pasó a la aeronáutica con motores de
aviación. Pero su indudable carrera de éxitos se cimentó en los automóviles,
tanto en España como en otros paí­ses, puesto que entre 1936-45 pasó a ser el
responsable técnico de Alfa Romeo en Italia, obteniendo numerosos triunfos con
sus modelos de competición. A la vuelta a España, el CETA y ENASA ocupan sus
actividades, hasta crear los primeros camiones Pegaso y el legendario deportivo
de la misma marca. Son muchos los recuerdos que nos asaltan cuando rememoramos
aquellas fechas y repasamos los datos técnicos y fotografí­as de unos modelos
que todaví­a hoy son admirables: Velocidades promedio superiores a 200 km/h.,
motores en V de 12 ó 16 cilindros con 370 y 560 CV, sobrealimentados...


Todo un ejemplo a seguir por aquellos «entendidos»
que creen saberlo todo sobre el automóvil o que han descubierto su secreto. La
constante de Ricart fue el trabajo y la investigación que en España no ha sido
debidamente apreciada, prefiriendo, como casi siempre, adquirir licencias foráneas
que nos cuestan dinero y colonizan la industria. Se criticó a Ricart que sólo
hací­a coches caros y de élite, de cara a la competición, pero nadie pensó
que esto, precisamente, era lo difí­cil, el punto de partida hacia la producción
de coches más modestos en serie. Si fue capaz de fabricar coches, hacer motores
de gasolina y Dí­esel, para turismos, camiones y aviones, podrí­a haber hecho lo
propio con un coche tipo 600 o 1.500...


Ahora, a los siete años de su muerte, el
proceso de la industria que creó va por caminos muy diferentes a los que soñaba.
Atrás quedó el sueño de los vehí­culos de fabricación nacional y de nuestra
tecnologí­a. Buena parte de las investigaciones de Ricart y el CETA han sido
enviadas ya a la chatarra, después de abandonadas en la fábrica de Pegaso.
Este es, aunque no lo creamos, el destino de la obra que Ricart puso en marcha
hace muchos años, sin que el Ministerio de Industria, las Escuelas de
Industriales, o la misma Pegaso hayan sido capaces de recuperar estas piezas y
motores abandonados.


Porque aunque las técnicas se mejoren dí­a
a dí­a, siempre es bueno recordar o aprender que hace 60 años un español
construyó un motor biárbol, que hace 40 años logró unos coches con velocidad
promedio de 200 km/h. y que hace 30 años incorporó al motor del turismo Pegaso
la refrigeración de válvulas huecas por sodio. Una vida dedicada al automóvil
que no ha recibido el pago más justo, pero que, al menos, sí­ se merecí­a el
respeto de los responsables industriales. Claro que eso parece ser mucho pedir
para quienes no acaban de definir realmente el verdadero futuro de las empresas
y trabajadores españoles del sector. Ricart se merece un homenaje. Pero, ante
todo, recuperar su obra de la chatarrerí­a de Vicálvaro para incluirla en el
museo que el INI le tiene dedicado.
 

Iago Lorenzo
12-nov-2002, 15:18
Sí­ señor, muy bien hablado. Me he emocionado mucho al leer esto.